sábado 3 de enero de 2009

El elevador




Nunca pensé el amor me encontraría
aquella tarde lluviosa, sensual,
en el arrullo de tu voz, igual
a melodía de dioses. Daría,

con gusto todo, ¡sí! ¡mi vida entera!
por encontrarte de nuevo, volar
a aquel momento que te pude amar
con la pasión desenfrenada: fiera

fugaz e indómita, corcel en celo
de penetrante y desbordado brío,
como el arrasador y turbio río

que removió tu falda en el anhelo.
En aquel día de lluvia, de amor,
muerte pequeña en el elevador;

que dejó en la mañana y el rocío,
de tu esencia, el perfume en mi desvelo.


Raúl Castillo Soto

 

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