Cadenas del embrujo
La brisa se enredaba en su cabello
y el rojo cardenal de primavera
fundía como hoguera en el destello,
bebiendo de su sol la luz primera.
¡Cadena del embrujo! ¡oh rostro bello!
la ataba de mis ansias prisionera;
mas ella jugueteaba entre las flores,
el vuelo en pecho gris de ruiseñores
y yo quedando preso del deseo…
entre los dedos de la oscura hiedra,
esperando de un día el parpadeo.
En perlas negras, su mirada medra
aquel pájaro azul del llanto reo,
que hoy canta en el camino, antes de piedra:
“Al flagelado amor ¡ya no le azotes!
ayúdale a escapar de sus barrotes.”
La brisa se enredaba en su cabello
y el rojo cardenal de primavera
fundía como hoguera en el destello,
bebiendo de su sol la luz primera.
¡Cadena del embrujo! ¡oh rostro bello!
la ataba de mis ansias prisionera;
mas ella jugueteaba entre las flores,
el vuelo en pecho gris de ruiseñores
y yo quedando preso del deseo…
entre los dedos de la oscura hiedra,
esperando de un día el parpadeo.
En perlas negras, su mirada medra
aquel pájaro azul del llanto reo,
que hoy canta en el camino, antes de piedra:
“Al flagelado amor ¡ya no le azotes!
ayúdale a escapar de sus barrotes.”






4 comentarios:
Impresionante el vocabulario tan bello que utilizas, creo que jamás aprenderé, pero me alegra porque así seguiré sorprendiendome siempre en cada uno de tus poemas.
Un abrazo ...
Me has puesto en el momento y comprendo lo que expresas como si fuera un recuerdo mio. Un recuerdo de todos esos instantes en los que me he quedado cautivado por la belleza femenina. Muchas gracias.
Alicia, eres un sol que deslumbra aunque llegue a medianoche, gracias mi querida amiga poeta. Ya sabes y escribes mas bello de lo que crees. Besos.
Marce,
Muy agradable leer sobre la percepcion vuestra de nuestras humildes letras. De veras te agradezco que lo hayas compartido. Un abrazo fraterno hasta tu lugar del mundo.
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